martes, 11 de septiembre de 2012

Outbreak XXV

Descargué todo el cargador de la pistola con el monstruo, pero seguía en pie como si nada.
El monstruo levantó el brazo para golpear, pero esta paralizado, no sabía que hacer.

Checo salió corriendo de la enfermería, me empujo y recibió él el golpe, que le hizo atravesar la ventana y 

Recargué la pistola y descargué otra vez el cargador contra él.Esta vez profirió un grito y cayó desplomado.

-¡Nadia coge vendas y ven!¡Rápido!

Salté por la ventana y corrí hasta donde estaba Checo.

-¿Estás bien?
-Que va... Todo me da vueltas y me duele un montón la cabeza.

Se incorporó lentamente y dejó ver una piedra llena de sangre. Le miré la cabeza, sangraba mucho.

-Ha sido un golpe muy fuerte. No se ni como estoy consciente ahora mismo.

Le acerqué el rifle.

-Gracias.-me dijo con un hilo de voz y se desplomó.
-Ya estoy ...-dijo Nadia sin terminar la frase al ver mi cara
-Ya no hacen falta las vendas.
-¿No habrá....?
-Si....

A Nadia se le cayeron las vendas de las manos.

-Ya solo quedamos tú y yo.
-Lo sé...-dijo entrecortada.

Le limpié las lágrimas.

-Y Milla.-dije
-Y Milla.-repitió ella.

Volvimos a entrar en el instituto subimos las escaleras.

La fatiga, el dolor y el calor seguía aumentando. Me encontraba fatal, pero no era momento de parar.

El pasillo del piso de arriba tenía todas las persianas bajadas, lo que hacía que todo estuviera oscuro.
Nadia se pegó a mi.
Avancé lentamente

Se oyeron pasos a lo lejos. Caminé más rápidamente. Se escuchó el ruido de una puerta cerrarse.

Levanté la persiana que tenía más cerca y pude ver un poco del pasillo. A primera vista parecía despejado.

Pasamos por delante de una puerta. Se empezaron a escuchar golpes. Nadia se sobresalto y no pudo evitar soltar un grito.

La puerta no parecía que fuese a aguantar mucho más así que pasamos rápidamente.

Casi al final del pasillo había una puerta abierta. Entramos. No había nadie.

Se escuchó la puerta caer al suelo. Salí a mirar.

-¡Ha cedido!

Entre de nuevo y cerré la puerta.

-¡Trae sillas!¡Tenemos que hacer una barricada!

Nadia y yo nos pusimos casi todas las sillas y varias mesas delante de la puerta.

-¡Ahora tenemos que buscar un modo de escapar!
-¡Las ventanas!-me dijo Nadia.
-¡Es una locura!
-¿¡Tienes alguna otra idea!?

Intenté pensar en algo, pero el dolor y la fatiga no me lo permitían.

Empezaron a escucharse golpes en la puerta.

-¿Crees que podrás?

Nadia dudó unos instantes.

-A mi también me dan miedo las alturas, pero prefiero arriesgarme a que me coman.

Asintió.

Abrimos la ventana y salimos.

La cornisa era estrecha, pero se podía andar sin muchas complicaciones si se hacía con cuidado.

Avanzamos sin dudarlo hasta que de repente a Nadia se le resbaló un pie.

-¡Max!

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