martes, 17 de mayo de 2016

La Voluntad del Fuego #3

Pesadilla


Frío, demasiado frío, al abrir los ojos no pude ver nada, estaba todo en tinieblas... o eso creía, pude ver a alguien al mirar a mi alrededor o, mejor dicho, su silueta. Unas luces de un color verdoso se encendieron e iluminaron un poco la estancia, no podía verle por completo, pero sí distinguirlo, estaba detrás de una especie de una jaula gigante con una barras de acero enormes, era como si alguien no quisiera que esa persona escapara.

Poco a poco me fui acercando a la jaula y vi sus ojos, parpadeando, sin emociones me atrevería a decir, pero brillaban con un intenso enfado. Toqué una de las barras, lo que le sacó de la especie de trance en el que permanecía y se acercó a una velocidad pasmosa, alargando el brazo, sacándolo entre las barras e intentado alcanzarme... intentando, porque algo tiró de mi hacia atrás y me dio la vuelta, un hombre con el pelo rojo, de ojos negros... mi padre.

- No podrás protegerlo siempre de mi...- Una voz tan fuerte como trueno, era sin duda la voz de aquella persona.

- Es posible, pero debo intentar posponerlo todo lo posible, soy su padre después de todo, haré todo lo que esté en mi mano.

- No será suficiente, algún día abrirá los ojos cuando tu maldito hechizo se rompa, y no tardará...

- ¡Hola hijo! Me alegro mucho de verte.- Estaba intentando distraerme, no quería que me diese la vuelta.

Nos volveremos a ver, Leomaris... por supuesto, espero que tú te pudras en el infierno, Igni.

- Oh vamos, sabes muy bien que no puedo hacer eso, pero en fin, ¿Te importaría callarte un momento? - alzó un brazo y la persona misteriosa salió volando, los únicos huecos que había entre los barrotes se cerraron con una piedra con extraños grabados brillantes mientras que él soltó un alarido de furia que me heló la sangre. - bueno, eso deberá retenerlo aún mejor durante un tiempo, lo que quería decirte, hijo, es que ha sucedido lo que llevaba un tiempo temiendo, en tan poco tiempo es imposible explicarlo todo, así que te haré un resumen, debes buscarme, hay una persona a la que conozco desde hace bastante tiempo que es muy buen amigo mio, se llama Raksa y en este momento debería estar por Lid, tienes que encontrarle, él te protegerá. Debéis ir a la capital del reino de Eludim, a Farconis, si no tardáis mucho, nos veremos allí.

Sonó un fuerte golpe, y me di la vuelta, la persona misteriosa estaba golpeando las paredes y barrotes,  tenía una fuerza tan descomunal que hacía temblar la gigantesca jaula, uno de los numerosos grabados se apagó y se partió la parte de pared que cubría, cayendo al suelo. Intenté hablar con mi padre, pero se había esfumado. Otro golpe, otro grabado menos, una llama infernal empezó a salir por los dos únicos huecos. Cesó, otro golpe más, otro grabado menos y un hueco nuevo, a la altura de mi cabeza. Aquella sombra me vio, empezó a sacar la mano, hacia mi cara, estaba paralizado del miedo... y me agarró de la cabeza con sus manos, o mejor dicho, garras, tiró de mi hacia el hueco de la jaula y pude ver por completo que sus ojos eran dorados.

martes, 2 de febrero de 2016

La Voluntad del Fuego #2

Ceguera

Estaba conmocionado, lo de ver tu casa arder no es algo fácil de aceptar, tenía que averiguar qué estaba pasando, así que me aproximé al grupo de hombres por el bosque para pasar desapercibido, la oscuridad del atardecer ayudaba bastante. Estaban murmurando, necesitaba acercarme bastante, logré incluso distinguirles. Eran 3, el que parecía ser el líder era un hombre fuerte y alto, calvo y con cicatrices, vestido de verde oscuro. El segundo era el más joven, rubio con el pelo corto, vestido con colores azules, más bajo que el aparente líder pero igual de fuerte. El último de los 3 era el más viejo y el más bajo, estaba más bien gordo y tenía el pelo grisáceo corto, también iba vestido de verde oscuro. Apenas podía distinguir una palabra o dos sin sentido y al intentar acercarme más sonó un fuerte crujido, acababa de pisar una rama por ser tan descuidado, un sudor frío me recorrió la espalda cuando los tres miraron en mi dirección y maldije por lo bajo, el joven se dispuso a acercarse pero el líder le sostuvo del hombro, parecía estar sonriendo. Reanudaron la conversación, esta vez hablando más alto, lo cuál me hizo dudar demasiado, sabían que estaba allí y por alguna razón no hacían nada o quizá lo harían pronto, así que seguí escuchando hasta saber justo lo que quería.

- Buen trabajo, pero aún hay trabajo que hacer. Mañana nos divertiremos un poco viendo a la preciosa Lora arder en la plaza de Lid y nos iremos justo cuando acabe la fiesta

Le interrumpió el joven con un tono de inseguridad que pareció irritarle.

- ¿Ahora mismo está en la cárcel de la guardia, no?

- Pues claro, imbécil, seguro que hoy no dormirá demasiado sabiendo que su vida está en peligro.

No necesitaba escuchar más, me fui corriendo hacia Lid. No era precisamente grande como para ser una ciudad, pero Lid tenía cárcel y una plaza donde se ejecutaban a las personas en caso de necesidad. Tenía que rescatar a mi madre.

Llegué a Lid por la noche y mentiría si dijera que no me alegré ¿Qué mejor momento para escapar de una cárcel? Todas las celdas tienen unas pequeñas ventanas con barrotes por las cuales no entra una persona normal, por lo que debería derribar un muro, una tarea bastante difícil, desde luego. Grité lo más bajo que pude para ver si mi madre me respondía, era prácticamente un susurro, pero con el silencio que había en la calle se podía escuchar casi perfectamente.

- ¿Leo?

- ¡Mamá!

- ¿Qué haces aquí, hijo? Deberías irte a casa a dormir, no me pasará nada, tranquilo, aún no hay un veredicto final.

Sacó una mano entre los barrotes y me acarició la mejilla. Me sorprendió lo que dijo, que no la pasaría nada. Si lo que habían dicho aquellos hombres era verdad, iban a quemar viva a mi madre delante de mucha gente, ese juicio estaba amañado.

- Mamá, tengo que sacarte de aquí, no entiendo que está pasando pero es probable que el juicio sea una tapadera y te vayan a ejecutar igualmente.

- ¿Qué...?

Tenía una expresión horrible, pero se calmó

- Si es así... tampoco puedes hacer mucho, hijo, vete, solo te meterás en problemas, hazme el favor.

- Lo siento, pero no puedo dejar esto pasar, tengo que intentarlo.

Empecé a buscar algún ladrillo que se moviera un poco en la pared, pero no encontré nada, empecé a arremeter con el hombro contra la pared.

- Para hijo, te vas a hacer daño.

No la hice caso y seguí, Después de que me empezase a doler el hombro, continué con el otro. Una vez terminado eso, empecé a golpear la pared con los puños, desesperado.

- Leo, tienes que irte ya, por favor, no te hagas más daño.

La ignoré de nuevo y continué golpeando, mis nudillos comenzaron a sangrar.

- ¡LEO, VETE!

El grito de mi madre me sacó de ese estado de desesperación, vi que estaba mirando hacia el fondo de la calle, seguí su vista y me sorprendí al ver a los tres hombres por la calle, dirigiéndose a la cárcel. Esta vez sí que la hice caso y salí corriendo, hacia el bosque. Conocía ese bosque como la palma de mi mano por todas las veces que lo había recorrido con mis padres, busqué unas flores de bellandra, me desinfectarían y limpiarían las heridas de las manos. Luego fui al escondite que descubrí con mi padre, un desnivel con un saliente en la tierra con muchas hojas que tenían un fuerte olor, tapaban cualquier rastro del que entrase allí, entré, me tumbé, maldije por todo lo sucedido y las heridas y me quedé dormido.

Cuando me desperté ya había salido el Sol, más o menos por su posición quedaba una hora para el juicio, solían realizarse a la misma hora y, como no tenía más equipaje que la bolsa con la corteza de las infusiones, me lavé la cara para despertarme en el río que pasaba cerca y salí corriendo ¿Llegaría a tiempo?

Para mi pesar, no, o al menos no había juicio, la mitad de Lid se había congregado en la plaza alrededor de un montón de madera, dejando una calle libre que daba a la cárcel por la que deberían venir los guardias blancos con mi madre, sin ningún plan, no podría rescatarla. Me hice paso entre la multitud, quedándome prácticamente en primera fila, vi cómo la ataron, cómo prendieron fuego a la madera. Me encontró, solo pude llorar, ella sonrió y mantuvo la cabeza bien alta hasta que se desmayó del dolor, yo me fui antes de verla arder por completo, no quería tener esa imagen grabada en mi cabeza, prefería su sonrisa. Tenía la respiración entrecortada, una rabia incontrolable, quería destrozarlo todo hasta los cimientos, mi ojo dorado, el derecho, me ardía, me dolían las manos, tenía un nudo en la garganta... todo ese cúmulo de emociones me cegó, llevandome a una calle secundaria de Lid, donde me encontré de cara con un guardia blanco que no llevaba la característica armadura de placas.

- Vaya vaya, el pequeño Leomaris si mal no recuerdo ¿Qué tal?

Era un hombre viejo, con una melena blanca y con una barba bien tupida, no parecía tener dificultades para caminar o mantenerse en pie, pero llevaba un bastón de calidad, podía ser un rango superior de los guardias blancos o simplemente no estar de servicio pero, ¿Por qué me conocía? Le ignoré dándome la vuelta y eché a andar, o al menos, di un paso, me quedé impresionado al ver, otra vez, a los 3 hombres, pero caí al suelo, aquél anciano me había golpeado con el bastón, estaba perdiendo el conocimiento, todo era borroso, lo ultimo que noté fue que me levantaban del suelo, escuché dos frases del mismo anciano antes de desmayarme por completo.

- Largaos, no podéis hacerle nada ahora, está bajo mi protección temporal... Lo siento, Leomaris, lo entenderás a su debido tiempo...

miércoles, 20 de enero de 2016

La Voluntad del Fuego #1

Toda historia tiene un principio


¿Existe el destino? ¿Es posible que nuestra historia esté escrita desde que nacemos? ¿O quizá podríamos llegar a cambiarla con nuestros actos? A lo largo de mi vida acabé llamando llama, un fuego con voluntad propia, caprichoso, que nadie sabe cómo se puede llegar a propagar o mover, pero que puede llegar a limitar o extinguir si te esfuerzas. ¿Por qué cuento esto? Porque quiero hablaros de un fuego, salvaje y misterioso, un fuego con un mal presagio. Ese fuego pertenece a Leomaris, y ese es mi nombre.

Mi infancia siempre fue tranquila, vivía con mis padres que, a la vez, eran mis dos maestros, en una casita pequeña separada del pueblo de Lid, cerca de un bosque donde mi padre me enseñaba a cazar y mi madre me daba a conocer plantas curativas, anestésicas, venenosas, etc. Me enseñaron a leer y a escribir, preparándome para un futuro desde pequeño y que, con mis quince, llegaría súbita e inesperadamente.

Mi padre, Igni, era alto y musculoso, cubierto de cicatrices que mi madre no sabía de donde habían salido, era un hombre amable a pesar de lo fiero que era y parecía por una cicatriz que le cruzaba el ojo derecho y por sus rasgos duros. Su pelo era del color de la sangre y no le llegaba a los hombros, sus ojos eran negros y desbordaban honor y valentía. Había días, semanas o incluso meses en los que no aparecía por casa.

Mi madre se llamaba Lora, era de una estatura mediana y tenía la piel de un tono casi pálido, una mujer bondadosa con un atardecer en el pelo rizado que le llegaba a la cintura. Tenía unos rasgos finos y elegantes con unos ojos de esmeralda, era verdaderamente hermosa.

Yo, por el contrario, tenía el pelo negro como el ébano y medianamente largo, mi ojo derecho era dorado y estaba atravesado por una cicatriz que empezaba en mi frente y acababa cerca de la mandíbula, mi ojo izquierdo era azul celeste. No era precisamente alto, una estatura dentro de la media. Gracias a la cicatriz a mi marcada mandíbula, parecía mayor de lo que era.

Como ya he dicho, mi infancia fue tranquila y a los quince dejé de prepararme para el futuro, ya que un día, cuando fui al bosque a por corteza de edro cuya utilidad era para preparar infusiones, a petición de mi madre, y mi padre estaba de caza... mi casa fue destruida, mi madre desapareció y mi padre nunca volvió, pero eso no fue lo peor de todo... Había un grupo de hombres que parecían ser bandidos cerca de mi casa, y estaba dispuesto a conocer lo que había sucedido.

miércoles, 12 de marzo de 2014

A través de un sombrero

Erase una vez un mono al que le gustaba llevar sombrero. No llevaba una boina, una gorra o una mitra; como buen mono, él llevaba un sombrero de copa.
Se puede decir que era muy especial, el sombrero; el mono es otro cantar.

Si el mono es tan amable de dejarnos el sombrero, descubrimos que oculta un portal. Si nos metemos en el sombrero, no sabremos donde acabaremos, pues un destino fijo no tiene.

martes, 11 de marzo de 2014

Ante el jefe final

Por fin ha llegado. Se para delante de la gigantesca puerta y recupera el aliento. Guarda su arma.

Le ha costado mucho llegar hasta ahí, muchas batallas, todas muy duras,  pero para algo eran sus mejores hombres. Ahora, solo los separa una puerta. Cuando la cruce todo comenzará y estará a un paso de terminar, con suerte, bien para él y para todos los que han depositado su confianza en él, si no el final para todos y habrá perdido algo más que una batalla.

lunes, 10 de marzo de 2014

Bloodtear

Cuando la oscuridad gobierna regida por la reina lunar, en el antiguo castillo, tomado por la hiedra y la vegetación se reúne un pequeño grupo. Sus actividades no son nada fuera de lo normal, o eso parece. El libro que tienen como libro del credo, que leen cada noche no es otro que un libro que traerá a esta tierras las desgracias que bajo la tierra descansan.

No solo leen el libro, también realizan rituales antaño sagrados y prohibidos.

Aquellas desgatadas piedras vencidas por el paso de los años han visto horrores que nunca contarán sobre aquellos que forman el grupo de dementes, pues sus sacrificios son los más horribles.

domingo, 9 de marzo de 2014

Blue Bird

Miles de edificios me rodean. Estoy perdido, no se donde estoy. Los gigantes de piedra me ocultan el cielo. Avanzo por la alfombra de piedra, esquivo personas. Pueden no aparentarlo, pero algunas están tan perdidos o incluso más que yo.