miércoles, 20 de enero de 2016

La Voluntad del Fuego #1

Toda historia tiene un principio


¿Existe el destino? ¿Es posible que nuestra historia esté escrita desde que nacemos? ¿O quizá podríamos llegar a cambiarla con nuestros actos? A lo largo de mi vida acabé llamando llama, un fuego con voluntad propia, caprichoso, que nadie sabe cómo se puede llegar a propagar o mover, pero que puede llegar a limitar o extinguir si te esfuerzas. ¿Por qué cuento esto? Porque quiero hablaros de un fuego, salvaje y misterioso, un fuego con un mal presagio. Ese fuego pertenece a Leomaris, y ese es mi nombre.

Mi infancia siempre fue tranquila, vivía con mis padres que, a la vez, eran mis dos maestros, en una casita pequeña separada del pueblo de Lid, cerca de un bosque donde mi padre me enseñaba a cazar y mi madre me daba a conocer plantas curativas, anestésicas, venenosas, etc. Me enseñaron a leer y a escribir, preparándome para un futuro desde pequeño y que, con mis quince, llegaría súbita e inesperadamente.

Mi padre, Igni, era alto y musculoso, cubierto de cicatrices que mi madre no sabía de donde habían salido, era un hombre amable a pesar de lo fiero que era y parecía por una cicatriz que le cruzaba el ojo derecho y por sus rasgos duros. Su pelo era del color de la sangre y no le llegaba a los hombros, sus ojos eran negros y desbordaban honor y valentía. Había días, semanas o incluso meses en los que no aparecía por casa.

Mi madre se llamaba Lora, era de una estatura mediana y tenía la piel de un tono casi pálido, una mujer bondadosa con un atardecer en el pelo rizado que le llegaba a la cintura. Tenía unos rasgos finos y elegantes con unos ojos de esmeralda, era verdaderamente hermosa.

Yo, por el contrario, tenía el pelo negro como el ébano y medianamente largo, mi ojo derecho era dorado y estaba atravesado por una cicatriz que empezaba en mi frente y acababa cerca de la mandíbula, mi ojo izquierdo era azul celeste. No era precisamente alto, una estatura dentro de la media. Gracias a la cicatriz a mi marcada mandíbula, parecía mayor de lo que era.

Como ya he dicho, mi infancia fue tranquila y a los quince dejé de prepararme para el futuro, ya que un día, cuando fui al bosque a por corteza de edro cuya utilidad era para preparar infusiones, a petición de mi madre, y mi padre estaba de caza... mi casa fue destruida, mi madre desapareció y mi padre nunca volvió, pero eso no fue lo peor de todo... Había un grupo de hombres que parecían ser bandidos cerca de mi casa, y estaba dispuesto a conocer lo que había sucedido.

3 comentarios:

  1. Bueno, pues da comienzo una pequeña historia que estoy escribiendo, ya he escrito alguna cosa con anterioridad, pero esta es la primera a la que estoy poniendo empeño y esfuerzo xD
    Espero que os guste.

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