miércoles, 18 de enero de 2012

Ataque pirata

Nuestros aceros se cruzaron nuevamente. Era un buen rival, pero no era nada comparado con el gran pirata Quimera, capitán de Laponte, barco temido en los mares del viejo continente.

La batalla estaba ya llegando a su fin, se le notaba cansado y a duras penas era capaz de predecir ya mis ataques y su tripulación había sido masacrada por la mía sin contemplación alguna.

Otro choque de aceros. El siguiente sería el definitivo. Lancé mi ataque previendo el suyo y le clave la espada en el pecho, y si no me equivocaba, en el mismo corazón. La sangre comenzó a brotar y marchar su ropa.
Le saqué la espada y la sangre brotó con mas fuerza. Cayó de rodillas y luego al suelo donde acabó marchando la cubierta con la sangre.

EL barco era nuestro al fin.

-¡¡El barco es nuestro!!-proclamé.-¡Coged todo lo que sea de valor y llevadlo al barco!Y luego.... hundidlo.

Rebusqué en el cadáver de mi oponente. Solo un pequeño saco con un par de monedas extranjeras. Me las guardé.

Volví a mi barco. Cuando toda mi tripulación volvió con los tesoros ordené que lo bombardearan.
Tras observar el estruendo de los cañones y como el barco se iba perdiendo bajo el mar volví a mis aposentos. En breve Laponte navegaría de nuevo y no tendría piedad con quien apareciera en su camino.

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