martes, 3 de septiembre de 2013

Lullaby #Día5 Como el Rey Mono sobre la palma de Buda (Mañana)

Eran las cinco a.m. hora local cuando llegamos a París, donde nos esperaba una autentica flota de taxis. Gracias a los dioses, la mayoría de los conductores hablaban bastante bien inglés, porque ni Alice, ni Charlie ni yo sabíamos hablar francés. Nadie habló durante el trayecto, ni siquiera Charlie, que parecía algo ausente. No pude evitar pensar en lo que me había dicho Atlas aquella noche; Charlie había perdido a su espíritu a manos de Styx y ahora se veía forzado a luchar codo con codo con él mismo hombre que le había arrebatado a un valioso amigo. Mis ojos se clavaron en el tenue paisaje gris de la ciudad, con un cielo que parecía a punto de llorar sobre nosotros.


El viaje no duró mucho; a los pocos minutos de subir al Taxi nos levaron a una localización que, vivas donde vivas, conoces: La torre Eiffel. Miré al rededor y vi a cientos de personas corrientes. Casi había olvidado que el mundo no eran solo médiums y Oniria; Sino que había cientos de miles de personas que no sabían nada de nuestro mundo. Entonces, un hombre trajeado se nos acercó y nos dio un sobre. La mirada vacía de sus ojos y sus movimientos mecánicos le delataban como un silencioso. Abrí la carta y la leí en voz suficiente alta para que me oyeran mis compañeros, pero que no me escucharan oídos indiscretos.

-Bienvenidos a la prueba de las Siete estrellas. Vuestro objetivo es encontrar los siete fragmentos de estrella que hay repartidos por toda la ciudad -Hice una pausa para coger aire- La prueba termina al final del día, mientras tanto, los fragmentos pueden cambiar de manos un numero indeterminado de veces. Se pueden arrebatar piezas a equipos rivales por cualquier medio que se considere necesario. Si alguna Alianza no tiene piezas al final del día, será eliminada. Matar está... -Se me quebró la voz mientras leía aquello, fue la primera vez que entendí la seriedad de la situación en la que nos encontrábamos- M-matar a otros contendientes está totalmente permitido...

Miré a mis lados y vi que ninguno de mis acompañantes movía un músculo; Ellos ya lo sabían, sabían que aquello no era ningún juego: Era la Guerra, y en la guerra no se hacen prisioneros. Noté como mis manos se cerraban en puños y mi instinto tomaba el control, había algo en mi que me decía donde tenía que ir. Saque mi cuchillo y sin decir nada eché a correr hacia uno de los soportes de acero de la torre. Podía notar una energía que tiraba de mi, como si tuviera una cuerda atada. Pronto me descubrí corriendo en vertical sobre las vigas de acero de la torre, no me preguntéis como, ya que a fecha de hoy todavía no entiendo como funciona exactamente la posesión. En todo caso, no era el único que se dirigía a la cima de la torre; Charlie me seguía, enganchándose entre las vigas con su cadena y saltando entre ellas como un mono. Pero él tampoco era la única figura conocida que vi escalando; Liam y otros dos chicos muy altos, todos vestidos de forma idéntica, con camisetas de O'Kamirai, chaquetas de cuero marrón oscuro, tejanos negros y gafas de sol, todos saltaban de una viga a otra con agilidad, pero ninguno consiguió alcanzarme, ya que yo solo tenía que correr, correr y correr, hasta llegar a la cima. Cuando llegamos al primer piso, pude ver como Charlie enganchaba a los dos acompañantes de Liam con su cadena y los arrastraba dentro, dejándonos al chico de ojos verdes y a mi, como únicos participantes de aquella peculiar carrera. En algún momento, Liam empezó a lanzarme  algo que identifiqué como pequeños puñales ninja, aunque no me costó mucho desviarlos, aunque noté que iban dirigidos a sitios delicados, donde, si hubieran acertado, probablemente, habría muerto desangrado. No quedaba mucho para la cima de la torre y cuando por fin llegamos al mirador, nos detuvimos a observarnos el uno al otro.

-Vaya Luca, debo admitir que me sorprende que hayas llegado a un nivel de sincronía tan alto en apenas unos días... -Vi como el chico desenvainaba su espada, recta y afilada. Una vez me fijé más en su atuendo me di cuenta de que no era exactamente igual al de sus compañeros. Él llevaba una larga bufanda amarilla y sus gafas de sol, en vez de circulares, parecían más bien cono si hubieran juntado dos triángulos rectángulos por uno de sus vértices y después los hubieran doblado hacia dentro para que se amoldaran a la cara de Liam- Pero tu suerte acaba aquí... Ese fragmento es nuestro, no puedo dejar que se lo lleve alguien que ha caído tan bajo como para aliarse con esos asesinos de Guillotine.

-Si no nos unimos, Lucifer nos hará pedazos... -Dije, aunque no del todo seguro- Era nuestra única opción.

-¿Eso te ha dicho Arthur? -Me espetó Liam. Su voz sonaba llena de ira y resentimiento- No puedes fiarte de ese hombre, Luca, es retorcido, malvado y ambicioso. Solo piensa en su propio bien y se sirve de los demás para lograr sus fines.

-Mientes, Styx puede parecer un poco salvaje y es cierto que no entiendo todo lo que hace... -había algo en mi interior que me decía que Liam no estaba en lo correcto, que yo debía confiar en Styx. Había algo que me unía al macabro joven, aunque no supiera que- ¡Styx es un buen chico!

-Ya veo, justo igual que Alice... -Pude notar como su rabia crecía mientras un aura azul eléctrico cubría todo su cuerpo, tomando la forma de una armadura samurai. Aquel aura, también envolvió su ninjato, hasta que este ya no era tal, sino una katana larga, de acero negro como la noche- Lo siento, Luca, esto será rápido, aunque nuestras espadas sean hermanas, entre nuestro poder, hay un abismo insalvable.

No me dio tiempo a pensar; a penas un instante y tenía a Liam encima. Soltó un tajo horizontal y pude ver mi sangre salpicando en su cara. Me había apartado a tiempo para que la herida no fuera muy profunda, pero estaba perdiendo bastante sangre; o eso creía. Noté un calor extraño en el pecho y cuando me llevé los dedos a la herida, no encontré sangre, ni siquiera una triste cicatriz. El poder de Bell me había curado tan rápido como el rayo, pero eso era todo lo que podía hacer por mi. Como Liam había dicho, yo no tenía oportunidad contra él. Aun con mis reflejos aumentados a penas si podía detener su espada alguna que otra vez. Además, su él era capaz de manifestar su espada en su longitud completa, mientras que yo tenía que apañarmelas con un puñal de a penas un palmo de filo. Para colmo, notaba una corriente eléctrica recorriendome el cuerpo cada vez que nuestras armas chocaban, como si su espada estuviera envuelta en rayos.

-Rindete, Luca, no puedes vencer... -La voz de Liam sonaba distorsionada, casi maligna- ¡Soy mucho más poderoso que tu! -Acompañando estas palabras, vino una patada en mi estomago, lanzandome contra el suelo metálico y dejándome al borde del abismo.- Se acabó.

Cerré los ojos, esperando a que descargase el golpe final, pero este nunca llegó. Cuando abrí los ojos vi entre Liam y yo a un chico de pelo castaño y larga chaqueta negra. Al principio, sin el maquillaje y sin su espada de hueso, no lo había reconocido, pero al oírle hablar no cabía duda; era Styx. Me dí cuenta de que había interpuesto su espada entre él y Liam, pero que a penas si parecía estar haciendo fuerza, mientras que esté último sudaba y gritaba, haciendo toda la fuerza que le permitían sus músculos. Me fijé en la espada con más detenimiento; era un gran mandoble de guarda cruciforme, todo de acero, sin a penas adornos más que algunas runas a lo largo del filo.

-Si tantas ganas tienes de pelear, Liam, llamaré a Luccyan para que te pelees con alguien de tu tamaño... aunque si lo prefieres, puedo luchar yo contigo -Su voz sonaba gelida y desafiante- aunque si lo prefieres, Excalibur y yo podemos triturare aquí mismo.

-¿Como puedes...? -El joven moreno tragó saliva y retrocedió, mirando la espada con miedo, como si fuera la cosa más terrible que hubiera visto en su vida.- Se supone que esa espada te rechazó ¿COMO PUEDES EMPUÑARLA?

-Porque ahora vuelvo a tener algo que proteger, William -Styx hizo girar la pesada espada entre sus dedos y pronto un aura negra como la noche lo envolvió. Su chaqueta se había transformado en un largo habito como los que llevan los frailes, vaporosa, como si estuviera hecha de humo negro, con una capucha que cubría su rostro. Pero no solo eso, sino que las costillas de su camiseta empezaron a sobresalir de esta, formando una especie de armadura- Bailemos, William, Lisa dice que te echa de menos...

Ambos contrincantes adoptaron una posición de batalla y empezaron a andar en círculos, describiendo una espiral. Dos grandes fuerzas estaban a punto de chocar; Ira contra Instinto Asesino; Trueno contra Hielo; Orden contra Caos; Guerra y Muerte. Styx fue el primero en mover ficha.
-¡Vamos! -El chico se lanzó con el enorme mandoble por delante y su contrincante hizo lo mismo, sus espadas chocaron en el aire y un gran temblor sacudió todo París. La batalla había comenzado y con ella llegó la tormenta.

2 comentarios:

  1. ¡Que comienzen las hostias de manera oficial!
    Y ahora tiene algo que proteger, hum...

    ResponderEliminar