-Me alegro de veros volver sanos
y salvos.
Jason, Bella y Ramón entraron en
la sala y cogieron asiento. Sin decir palabra colocaron sobre la mesa sus
recién obtenidos tesoros. Bella colocó una brazalete, una serpiente de oro y de
ojos violetas que se enroscaba con la cabeza sobre la muñeca por el antebrazo.
Ramón colocó una larga alabarda cuyo mango estaba hecho de puro oro, y el filo
de adamantita, tan afilada que casi podría hacer un tajo en el aire. Jason
colocó ante sí un bumerán del tamaño de su brazo, de madera.
-Venerable Tigose, ¿qué debemos
hacer ahora? Quiero partir cuánto antes de viaje, mas todavía no estamos
preparados según declaraste.
-Cierto, cierto. Puedo ver tu
impaciencia Jason, y eso no es bueno. Tu hora llegará, no lo dudes. Y
tranquilos, no tardaré en enrunar vuestras nuevas armas…